lunes, 29 de abril de 2013

Preferentes

En mis tiempos lo de preferentes era una localidad en algún tipo de evento.

Claro que eran tiempos en que la sintaxis era el fenómeno que nos encontrábamos a la salida del cine, del teatro o del futból.

Ahora, según parece, los bancos y cajas (más las cajas que los bancos) emitieron un coso que consistía en que tu lo comprabas y te daban unos intereses molones aunque el capital lo recuperabas cuando abrieran sucursal en Andrómeda, eón más, eón menos.

Bueno. Hay gente pa tó.

Mientras cobraron no se supo de nadie que quisiera rescatar el capital y le dijeran nasti de plasti.

Luego llegó la crisis. Y resultó que no dejaban sacar el dinero. Ah! Hay contrato, con su letra grande y con su letra pequeña (...esperemos que no fuera times o comic sans).

Y empezaron las reclamaciones, los tumultos, los suicidios (¿no?) y el llanto y el crujir de dientes.

Y aquí es donde ya me pierdo:
  1. Si fue una estafa ¿por qué la hemos de pagar todos con el FGD o lo que sea? Si fue una estafa, vayan a los tribunales y que metan en la cárcel desde el consejo de administración hasta el director de sucursal o al ventanillero.
  2. Si el mayor volumen (por no decir todo) está en las Cajas que son entidades publicas ¿por qué pedimos más intervención de los partidos?
  3. Si en los consejos de esas cajas estaban los partidos y los sindicatos ¿por qué nadie les reclama, excepto al PP?
  4. Apostilla al 3. ¿Qué hacia Hada Colau sentada entre Toxo y Méndez sin llamarles ladrones? Magia, obvio.
Y en estas reflexiones pierde el tiempo mi neurona.

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