sábado, 10 de marzo de 2012

Hay que obedecer las leyes? Y a la autoridad?

Me gusta que me hagas esa pregunta. Yo creo que si, pero no. Osea. Que no pero si.

En Argentina se dictó una ley que se llamaba de punto final. En ella se decía que quienes cometieron crímenes cumpliendo las órdenes recibidas de la autoridad (sus jefes) no tenían responsabilidad sobre sus actos. Luego se derogó y se dijo que todo el mundo es responsable de sus actos y que no se deben de obedecer órdenes injustas; especialmente cuando son manifiestamente criminales. Simplifico el tema; pero es así.

Lo mismo ocurrió en Nuremberg. Estrictamente hablando, nadie hizo otra cosa que obedecer al Fuhrer y sus leyes. Pero eso no les libró de culpa.

Incluso en el caso de las dictaduras de izquierda, nadie justifica la obediencia debida a las órdenes y leyes. Se justifican porque los crímenes se cometieron con buena intención. Que sería algo para reírse sino fuera tan triste. De "la maté porque era mía" a "la maté con un amor que me santifica".

La cosa tiene bemoles. Porque en muchos casos, especialmente cuando nos encontramos ante dictaduras como la argentina, la nazi o las comunistas el precio de no obedecer esas órdenes puede ser la muerte. Y el de obedecerlas, también.

Y esto abre otra interesante vía de reflexión: "¿Quién decide qué es de obligado cumplimiento y qué es de obligado incumplimiento?" Porque, al final, una de las dos españas ha de helarte el corazón o, en su defecto, molerte a palos.

Cuando alguien debe de tomar una decisión de ese calibre esta solo. Cuando se enfrenta a las consecuencias de su decisión está solo.

Quizás después, con suerte, a alguien le interese usar tu cadáver de bandera.

Pero no sé yo si eso te consuela mucho.

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