miércoles, 19 de octubre de 2011

Indignación vs indignidad

Yo estoy indignado. Por muchas cosas. Probablemente la mayoría no le importan a nadie. Suele pasar.

Una de las cosas que me indignan es la pasmosa facilidad con la que se despacha el movimiento 15-M y sus secuelas. Especialmente desde la derecha no socialista, que es poca.

A mi no me gusta la instrumentalización que está haciendo la izquierda totalitaria de la indignación de los ciudadanos. No es la primera vez ni será la última.

Pero que esa izquierda pretenda (con bastante éxito) controlar el movimiento y llevar el agua de la indignación a su molino no significa que no haya muchísima gente indignada, como yo mismo, que no tiene (tenemos) nada que ver con esos aspirantes a dictadores.

Y que tenemos razones, de mucho peso, para estar indignados. O cabreados, si se me permite. Y mucho.

Pero seamos serios. Que los indignados oficiales (los del oficio, los liberados, los que salen en la tele a gritar consignas que eran viejas cuando cayó el muro hace ya muchos años) pretendan movilizarse en medio de una campaña electoral no tiene otro sentido que decir "nos la pela lo que votéis porque no tenéis derecho a votar lo que nosotros no queremos que votéis, fachas de mierda".

Eso es golpista.

He escrito que no estamos en un estado de derecho, en una democracia. Y es así: son habas contadas.

Pero una cosa es que no estemos en un estado de derecho y otra muy distinta que se pueda dejar en manos de los soviets de indignados nuestro futuro.

A mi esos indignados oficiales (de oficio) no me representan. Esos escuadrones bienpagados ya los hemos visto en el siglo 20 en europa, con el mismo discurso y con unas consecuencias devastadoras para la vida y la libertad de europeos y no europeos. Y con diferentes banderas, pero con el mismo espíritu.

Yo me identifico más con los otros millones de indignados que no tienen tiempo de acampar porque han de buscarse la vida para sobrevivir ellos y sus familias, sea en el pluriempleo mal pagado, en la economía sumergida o revolviendo en la basura de los hipers.

Si la izquierda española (y especialmente los millonarios que lideran la izquierda española) tuviera dos dedos de frente, se iría con mucho cuidado: recuerdo vagamente un poema que alertaba de que la bestia ya estaba en celo.

Pero no olvidemos que la indignación existe porque hay motivos.

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