sábado, 17 de septiembre de 2011

Reformas y reformatorios

Dicen que se ha cambiado la Constitución para no se qué de la deuda. También dicen que el el Tratado del Euro ya se establecía algo de la deuda. Y se supone que ahora se van a cumplir las leyes. Bendita Inocencia!

Sin embargo, en medio de la fiebre reformista que nos tiene en un sinvivir, uno echa de menos una reforma sencillita pero de gran calado.

Veamos. ¿Qué ocurre cuando una empresa no paga a otra lo que debe de pagar? Esencialmente lo que ocurre es que el que no cobra se hode. No digamos ya cuando el moroso es la administración, que eso ya sería de juzgado de guardia si hubieran juzgados dignos de tal nombre.

¿Qué ocurre si una empresa acude a un tribunal porque otra (sea pública o privada) no le paga? Pues que, cuando el funcionario consigue controlar su risa y las lágrimas derivadas, el afectado es informado de que si, claro que puede reclamar, eso si la broma le costara lo que no está escrito y... no tendrá prisa, claro.. porque... y de nuevo el funcionario intenta controlar la risa.

Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es que cuando el pobre imbécil consigue una sentencia a su favor, puede usarla para decorar su despacho (si aún lo tiene) o para limpiarse los restos porque la administración se las pasa por el forro y el deudor privado también. Sin consecuencias.

Bastaría un juzgado "rápido" al que el estafado pudiera dirigirse para exigir que se respete su derecho de propiedad, que dictara y ejecutara sentencias en cuestión de horas y que embargara los bienes de los morosos, sean estos administradores, alcaldes o lo que sea. Bastaría con tener ganas de que uno de los primeros derechos humanos, que es el de propiedad, se respetara. Ese dinero es mio y nadie tiene derecho a quitármelo; no pagar es robar. ¿Es sencillo, no?

¿Lo veremos? No. ¿Por qué?

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