sábado, 13 de noviembre de 2010

Nietos de puta

Ahora estoy esperando a que mis hijos, de 15 años recién cumplidos, vuelvan a casa. Hace cosa de una hora el mayor de los pequeños me ha llamado para decirme que han sido asaltados. Parece que han recibido algunos golpes y al pequeño le han robado el móvil.

Ya he anulado el móvil, claro. Eso les preocupaba y dice mucho de ellos. Y me enorgullece.

Ahora están cenando con los amigos con los que han salido hoy. No tenía sentido obligarles a volver. Mi ansia de saber puede esperar. También mis miedos. Y no va a cambiar nada. Y ellos ya han perdido demasiado hoy.

Aun no hemos presentado denuncia, claro. Tampoco va a servir para nada. Es triste decirlo; pero más triste es saber que es así. Que pagamos impuestos para no ser protegidos.

Los agresores no eran sudamericanos, tampoco gitanos, ni siquiera eran de color diferente. No puedo decir lo que eran porque me calificarían de algófobo. Y no quiero.

Me he decidido a escribir porque lo necesito. No quiero criminalizar a ningún colectivo; pese a que ese colectivo tenga una larga tradición de joder a mis hijos.

Sólo quiero escribir una pregunta: Si criminalizar a un colectivo esta mal ¿no lo está victimizar a otro?

¿Por qué mis hijos han de estar solos ante el peligro?  ¿Tengo derecho a estar enojado? ¿Estará bien que este hecho lamentable afecte a mi voto del 28N? ¿Debería prohibirseme votar para que no vote en caliente? Lo digo porque si los padres (y madres) de la patria no pueden legislar en caliente, quizás los ciudadanos tampoco deberíamos de votar en caliente. Esta estupidez la escribo porque de tanto controlarme, acabo por esclavizarme.

No estoy contento. Dijo Don Corleone cuando pedía que su hijo exiliado en Sicilia no fuera asesinado, que él culparía a algunos de los allí presentes. Yo culpo a algunos. Para empezar a todos los que han mandado en Cataluña en la última legislatura. Para seguir a los que mandaron antes. También culpo a los que mandan en España y a los que mandaron antes. Y también culpo a los que, sin haber mandado, han contribuido con sus votos a que mis hijos estén en el grupo de victimas tolerables y aceptables. Les culpo y les maldigo. Les maldigo a ellos y a su descendencia.

Un día de estos explicaré mi teoría de los nietos de puta.

Seguiremos informando.
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