martes, 12 de octubre de 2010

Uve de Benganza

El tono escandalizado (y triste, por qué no decirlo) del "Jesús, que haces?" con el que acogió mi "Te cojo uno" que precedió en una milésima de segundo a mi gesto de abrir su paquete de tabaco, extraer uno y darle lumbre culminó la vendetta.

El crimen se fue fraguando durante la preparación y desarrollo del concierto de los Mississippi Alligators y debo de reconocer que mi insistencia en corresponder a la hospitalidad con bebidas espirituosas en ese ambiente no fue ajena a los hechos ulteriores. A cada uno lo suyo.

Del desarrollo del concierto ya se ocupará mi hermano gemelo en Viva Puluba. Digamos aquí tan sólo que, como corresponde a un concierto de blues diabólico en el que incluso se dieron toques de boogie y rock, fue un ejercicio de elevación espiritual de los que quedan pocos. Del carácter místico del evento y de la elevación de los espíritus dan fe las lagunas de memoria que, como ya explicara el profesor Qktrzosky, se producen cuando la débil mente del ser humano es incapaz de aprehender e interiorizar en todo su esplendor la experiencia vivida e intenta sustraerse al sentimiento de pérdida mediante el olvido; un olvido éste que tiene como fin la salvaguarda de la estabilidad del individuo afectado.

Todo ese cúmulo de circunstancias, añadido a la posterior peregrinación a la zona de repostaje propició el fatal momento en el que, después de una nueva dosis de exaltación "in table" (con su guitarra, su armónica, su percusión en la table), la criminal abrió su paquete de tabaco, vio que le quedaban dos, y en un gesto presuntamente amistoso me ofreció la mitad.

Alguien puede preguntarse si me resistí a la tentación.

Efectivamente, lo hice.

Y no fue sino tras amenazas inexplicables que me vi obligado a ceder para salvar el planeta.

(Nota: es mi historia y la cuento yo como quiero)
Este aciago suceso me produjo una honda preocupación ya que me habían contado que el uno no existe. Ya me decía mi padre que leer es malo. Se ve que las cosas o son (y, si son, son ene veces) o no son (y, si no son, no son, que eso ya lo sabía Lao Tse sin ir a la universidad mucho antes que el Guerra). Esta congoja, unida a la demostrada realidad de la astronáutica, me obligó a buscar un segundo pitillo.

Efectivamente, no se lo pedi a la criminal en justo castigo por su crimen, sino al Alligator Alfa que ademas estaba sentado al lado y me venía mejor. Que otra cosa no, pero vago... rato largo.

Y así llegamos al inicio de esta historia. Que resumiremos por si algún extraterrestre lo lee dentro de un millón de años y resulta que están de cabeza como mas de uno que yo me se:
  1. Que ya me maliciaba yo que la que me invitó a fumar el domingo por la noche no era consciente de haberlo hecho. Efectos del blues. De ahí la malvada cavilación de pasmarla.
  2. Que si, que fume. Dos pitillos. La noche que hacía 79 días sin fumar. Y, si se me permite, no diré que me sienta orgulloso de ello; pero ai fil gud. Osea. Na na na na na-na na.
  3. Que el día 11 comprovube que, pese al entorno, no me había convertido en Fu-Man-Chu y que lo llevube perfectismamente todo el día. Perfectísmamente de bien, bien.
  4. Que si me fume el segundo pitillo fue para posibilitar el proceso de cuenta atrás que, completado con el de la vendetta, viene siendo 2-1-0 que es lo que mayormente me fumare hoy. Lo cual es tope astronáutico y liftoffffferamente megaguays de la muerte.
  5. Que no, que no me creo eso de que es ser muy machote fumar y dejarlo y fumar y dejarlo; pero si que creo que no es malo saber que un pitillo no es el camino a los dos paquetes; ahora lo se de un modo que no sabía. Y me siento mucho mas seguro.

Entonces...¿para que tanta vendetta? Vaya pregunta.... la respuesta en invidente.

Hoy me he despertado temprano con ganas de largar las tontadas que se me han ocurrido en ese ratito de no se si levantarme ya que es fiesta. Llevo ya dos horas largas en el PC y me voy a desayunar a la calle. Creo que llueve, así que vamos a ver si hoy se puede pasear bajo la lluvia. Dejare esto para que se publique luego cuando yo este en el viaje de vuelta a merendar con mis hijos. Y, al final, no he sabido elegir entre estas dos. Sea.

La he descubierto hoy y me ha encantado. Y el cabronazo este me cae bien.




Esta es uno de esos clásicos flanvoritos de siempre. Para mi, a la altura de los grandes.



¿Puede sentirse uno satisfecho cuando un sitio extraño se convierte también en su casa por mor de la gente? Eso creo.
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