domingo, 12 de septiembre de 2010

Copago

Erase una vez que se era un imbécil (ver glosario) que se compró una nevera.

La pagó con su dinero, con el producto de su esfuerzo, con el salario percibido después de horas y horas de trabajo, descontadas las correspondientes contribuciones al bien común (también llamadas impuestos: IRPF y Seguridad Social).

Cuando la pagó, recontracontribuyó al bien común pagando nuevos impuestos (VG): IVA, impuestos especiales ecológicos y vaya usted a saber qué mas.

No contento con su contribución al bien común, nuestro entrañable imbécil insistió llenando la nevera de diversas viandas. Estas viandas fueron adquiridas en un supermercado. En la compra, pagó el IVA correspondiente; pero también pagó la parte correspondiente al margen bruto del vendedor, que incluye las tasas e impuestos por tener negocio, los seguros e impuestos de sus trabajadores y otras contribuciones adicionales al bien común.

Nuestro imbécil no pensó jamás que el precio que pagaba por aquellas patatas no sólo incluía el precio de las patatas, sino ese margen del comerciante, preñado de impuestos, más el margen del transportista, preñado de impuestos, más el del almacenista, más el del campesino...

No obstante, nuestro imbécil vivía feliz.

Un día nuestro imbécil se desayunó con la noticia de que las neveras, por orden de la madrastra que reinaba en aquel reino, debían de ir provistas de un mecanismo de control de uso para prevenir que los niños tomaran muchas calorías. El incumplimiento acarreaba penas terribles habida cuenta de la debilidad de las criaturas.

Nuestro imbécil no tenía niños en la casa; pero la medida era obligatoria por si un casual.

Y nuestro imbécil pagó el adminiculo y, por supuesto, los impuestos y tasas incluidos en el precio del mismo. Cuando el operario lo instalaba, nuestro imbécil no alcanzaba a entender por qué aquella persona parecía tan normal y no opulenta. No sabía que era otro imbécil.

Al poco de aquel cambio tan necesario para la seguridad de la juventud, la madrastra regente dictó una nueva ley: El adminiculo controlador del uso de la nevera iba a servir para establecer un mecanismo de copago de forma que se evitara el excesivo consumo de alimentos y bebidas por parte de la población en general mediante su concienciación que que "la comida tenía un precio".

Nuestro adorable imbécil era imbécil pero no por ello carecía de instrucción ni de inteligencia. Y, paseando, preso de zozobra pensaba: yo me compro mi comida con mi dinero, que meto en mi nevera pagada con mi dinero, en mi casa que pago con mi dinero y la hago funcionar con la electricidad que pago con mi dinero y ese dinero me lo gano trabajando como un cabrón y de lo que gano me quitan una parte, igual que una parte de todo lo que pago se lo lleva la madrastra y ademas la luz la pago carísima porque la madrastra le ha dado el monopolio a su amante y ahora ¿he de pagar también por el derecho a comer mi puta comida de mi puta nevera?. El cartel del comercio anunciando con alegría digna de mejor causa "Yo no soy tonto" no hizo más que encabronarle. Y entró en el primer bar a tomarse una copa, llena de impuestos, en la que ahogar su cabreo. En la tele, música





Glosario
Imbécil: Dícese del honrado ciudadano que paga religiosamente sus impuestos en la estúpida creencia de que sirven para el bien común y no para enriquecer a las castas y mafias.
Impuesto: Dícese de todo lo que te quitan con nombres diversos a fin de hacer legal lo ilegal, moral lo inmoral, justo lo injusto y legítimo lo ilegítimo. Así, tasas, contribuciones, seguros y otras vías de saqueo para que un hijo de franquista decida, por ti y sin ti, lo que es mejor para ti.

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