sábado, 10 de abril de 2010

Once minolles. De cómo yesgüican.

Vivimos tiempos extraños en los que las cosas se miden por estupideces irrelevantes como esa medida del tiempo llamada legislatura. Una legislatura viene a ser el trozo de peazo de cacho de tiempo que media entre ceremonia y ceremonia de expresión (controlada) de la voluntad popular.

Viene a entenderse que la voluntad popular se expresa por la vía de entregar, sumisamente, nuestros derechos a una colección de banderías que, en sabiendo mas que nosotros (especialmente de robar), cuidarán de nuestros intereses mientras nosotros podemos ocuparnos en la alimentación y vestido de nuestros vástagos o en pacer en los muchos pesebres que tienen a bien habilitar para nuestra comodidad.

Digo bien: entregar sumisamente. Y lo digo porque no existe límite a la voracidad de la banda devenida partido. Ni en esta España ni en aquellos Estados Unidos. Diferencias haylas.La primera y fundamental es que en nuestro vecindario está bien visto que nos roben, mientras que en la lejana USA hay gentes que se rebelan ante la sugerencia de que un político (o el funcionario habilitado por el tal político) va a ser mejor empresario, gestor, padre, médico o lo que sea que un ciudadano libre.

Ojito. No se trata de deslegitimar el mejor sistema conocido para dirimir las cosas públicas. Se trata de poner (de nuevo) en su sitio cuál es el alcance de la "cosa pública", por un lado, y de poner en su sitio la realidad de la soberanía, por otro. Dicho en plata: los representantes no pueden legislar sobre lo que les de la gana ni pueden apropiarse de lo que les venga en gana. Y dicho llanamente también, limitar la posibilidad de intervención del ciudadano impidiéndole elegir personas, impidiéndole proponer referéndums vinculantes y demás "sistemas de mejora de la gestión democrática" no son otra cosa que un fraude de ley (de la ley primera que son los derechos fundamentales).

En los últimos tiempos (digamos que en el período de las dos últimas legislaturas que en España se han producido) he oído y leído mucho acerca de la responsabilidad de once minolles de españoles que son los que, aportando su voto, han colocado en la presidencia del gobierno a un señor que, olvidando su apellido, ha devenido el principal proveedor de calzado: las Kely Finder primero; las Curry Finder después.

Para mi es evidente que esos once minolles de compatriotas tienen una responsabilidad. La tienen cuando depositan su voto y la tienen al tirar de la cadena y ajogar a Gaia. Pero la cuestión no es esa (IMHO). La cuestión (IMHO) es si es justo responsabilizar solo a esos once minolles de los males que nos aquejan.

La primera cosa que me viene a la cabeza cuando pienso en esos once minolles es algo que me dijo una vieja amiga (nacionalista e independentista, por mas señas) cuando me hablaba de la España profunda donde sólo llega la Cope y La Razón. Es sorprendente que ella no supiera que a la España profunda sólo llega la SER y El Pais (dicho demagógicamente), aparte de las televisiones que nacen de la gracia de la banda gobernante y viven gracias a sus mercedes. Pero la reflexión acerca de que "una persona sin información es una persona sin opinión" es relevante.

Cuando, desde la derecha o desde el liberalismo, se critica a esos once minolles ¿no se debería de hacer una pequeña crítica a los 8 años de gobierno de Aznar que dejaron sin información de contraste a tantos conciudadanos?

Aparte de la evidencia de que una prensa subvencionada jamás será libre, debemos reflexionar acerca de la connivencia presuntamente prevaricadora con prácticas como el incumplimiento de una sentencia sobre la adquisición de Antena3 por parte de un poder fáctico, como el mantenimiento de subvenciones a partidos y sindicatos que viola la prohibición constitucional de la afiliación obligatoria y el derecho humano a la propiedad. Deberíamos de reflexionar, probablemente, acerca de los intentos de crear un contrapoder a Polanco, en vez de liberar el mercado de la información. Digo liberar y no liberalizar a conciencia.

¿O alguien cree que el lameculismo de Pedro J ante la Ley Sinde nace del convencimiento, de una reflexión ético-política y no de su necesidad de subvenciones ?

Sin embargo, siendo grave esta falta de información y la responsabilidad del PP en ella, lo más enervante por injusto es la pretensión de que solo esos once minolles son responsables.

¿Alguien en su sano juicio puede pretender que los votantes del PP, CiU, PNV, ERC, CC y demás famiglias son inocentes de lo que acontece? ¿No es cierto que la subida del IVA la han apoyado PNV y CC (a quienes se la sopla por sus fueros medievales)? ¿Acaso no ha sido el PP el principal valedor del saqueo de nuestros bolsillos para "salvar" a los bancos? ¿Mentiría yo si dijera que los bancos, salvados, tienen la extraña costumbre de condonar las deudas de los partidos que les salvan? ¿Quizás las constructoras, salvadas, son inocentes del pago de comisiones a los partidos que les adjudican contratas? ¿No tiene nada que ver el Pacto por la Justicia con la perversión existente hoy en nuestro sistema judicial?

Obvio, por aburrido, mencionar en detalle la historia de cómo Cataluña perdió su capacidad emprendedora bajo el mando del señor Pujol, mientras que Duran se embolsaba las subvenciones para formar parados; obvio, igualmente, mencionar la estafa del señor Feijóo (otro sin apellido) cuando pudo prometer y prometió derogar el decreto de pureza lingüística del bipartito en 100 días; obvio, por supuesto, el silencio del PP ante Caja Castilla la Mancha, do pastaba el marido de la Loles; obvio, por ejemplo, el espectáculo vergonzoso de un señor con barbas diciendo que "sus jueces" iban a votar tal o cual cosa; obvio, por Tutatis,  el espectáculo de un tal Michavila diciendo que sólo le importaba si lo que hacía se ajustaba a la ley que él y sus compinches habían creado para permitirles enriquecerse traficando influencias. Obvio, en suma, el caso del presidente andaluz dando subvenciones a la niña, el caso del jaguar invisible, el caso de las contratas a primos y otros familiares...

Pero no quiero pasar por alto el espectáculo bochornoso de un partido escandalizado porque otro (UPyD) sea abortista cuando su presidente no tuvo empacho en decirle a una señora paralítica de nacimiento que le parece bien que se pueda matar a un feto por no ser perfecto.

Tampoco quiero pasar por alto el espectáculo indigno de unos dirigentes que se apuntan al aquelarre en que Matas debe de ser sacrificado para que parezca que la casta es decente. ¿De veras alguien puede creer que nadie, repito: nadie, tuviera el menor atisbo de lo que ocurría en tiempos del Matas victorioso y gobernante? ¿Debemos creer que nadie, repito: nadie, se da cuenta de que la deuda de Madrid y la política de multas es inmoral, (posiblemente) ilegal, injusta, indecente e ilegítima? ¿Es normal la evolución de la deuda en las comunidades autónomas?

Parece evidente que el problema no radica sólo en esos once minolles se votantes del presidente con apellido olvidado, sino que deberíamos de unirles en esa exigencia de responsabilidades a los votantes de... todos los partidos.

Eso sin olvidar a quienes, demasiado a menudo desde la atalaya, dan la espalda al sistema. No es que el sistema sea santo de mi devoción; pero cuando vemos a una niña que está siendo violada, decir que no estamos de acuerdo con las violaciones y seguir el camino no me parece que sea "heroico"; puede ser equidistante: seguro que su ropa es inadecuada. Nos guste o no, existen unas estructuras saqueadoras que actúan bajo el paraguas legitimador de las votaciones periódicas de personas desinformadas y manipuladas con el dinero que se les sustrae y al amparo del poder que les da el monopolio de la violencia y de las armas. Y, respetuosamente, creo que hará falta algo más que el látigo de nuestra indiferencia para defendernos.

No parece que yesgüicangamos mucho ante eso, ¿no?. Sin embargo se me antoja que algo si es posible. Algo como, por ejemplo, huir como de la peste de las trampas de esas banderías. Trampa es el debate sobre quién mas. Trampa es la justificación de los "nuestros". Trampa es pretender que hay mafiosos honestos.

Reconforta ver que una buena parte de españoles considera a esas bandas como un problema. Sin embargo, estamos aún lejos del momento en que, en las sobremesas, en las charlas en las máquinas de café sea motivo de ridículo defender a una de las famiglias o a cualquiera de sus representantes. Como el que defiende la planitud de la tierra, por ejemplo; o que el sol gira alrededor de la tierra.

El primer paso es ofenderse. Debe de ofendernos el comportamiento de los parásitos; debe de resultarnos insultante su insistencia en que llueve cuando orinan en nuestra cara con esa insistencia en que sus gastos y sus regalos a amiguetes son "gasto social".

Después podremos pasar a la segunda fase. Que es cuando podemos decirles aquello de "don't tread on me".

Cosa que no puede pasar si antes no nos damos cuenta de que no es problema de once minolles la cosa. Creo yo, vaya.
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