sábado, 13 de marzo de 2010

Del fútbol o balompié

"Y en nuestra oferta está incluído el canal GOL TV, con lo que se ahorra usted los 15 euros que cuesta en otras plataformas". Pues no, amable señorita. No me lo ahorro sino que lo pago por la cara. Porque no me gusta el fútbol y no pagaría por ver un partido ni jarto pesicola.

Sin embargo, a veces, me gusta bajarme al bar de la plaza al anochecer el domingo y tomarme una cervecita viendo el fútbol o, por mejor decir, viendo el espectáculo de los parroquianos viendo el fútbol. Es divertido y, además, no hago daño a nadie.

Me he decidido a escribir unas líneas sobre el fútbol a cuenta de algunas conversaciones vividas últimamente. En ellas se hablaba de árbitros, de equipos... vaya, lo que siempre ha sido el fútbol. Así que me he dicho "¿por qué no?" y aquí estoy escribiendo de fútbol.

The swindle

Al modo de aquella película de McLaren sobre los Pistols, el gran fraude del fútbol es su imposibilidad física que genera todo ese mundo de pasión que lo rodea.

Una persona me decía "si quisieran, pondrían cámaras como en el fútbol americano y así se acabarían polémicas como la mano del francés y otras". Y me pareció un comentario muy sensato.

Sin obviar el hecho, penoso pero cierto, de que un ser humano con poder contrae el virus de la corrupción (aunque algunos, pocos, no lo desarrollen) y que, por eso mismo, las pasiones, preferencias, gustos y odios de esa persona afectan a sus decisiones de formas en ocasiones manifiestamente escandalosas el punto crucial reside en la imposibilidad física de que un árbitro (o equipo arbitral) pueda aplicar las normas con conocimiento de causa; osea, bien.

Imaginemos que para sacar el carnet de conducir hubiera que calcular en milmillonésimas de micra la distancia entre el vehículo propio y el más cercano. Es evidente que nadie lo podría hacer. Es más, es dudoso que los examinadores dispusieran (costes mandan, salvo que algún primo de alguien tenga una empresilla...) de equipo para poder validar las respuestas de los examinandos. Resultaría, más que cómico, una estafa en toda regla que permitiría al examinador aprobar a quien quisiera.

Pues algo similar ocurre en el fútbol. ¿De verdad alguien cree que unos señores árbitros y linieres tienen la capacidad de identificar en el segundo exacto en que un jugador golpea la pelota si otro está en línea con la defensa o un milímetro más adelantado? Pero si ni siquiera se ve con claridad con la moviola esa!

¿Qué ocurre cuando el árbitro (y sus linieres) no ven la patada, puñetazo, escupitajo u otro tipo de agresión que se produce fuera de su foco visual? Pues que se guían por el griterío y por las convulsiones preagónicas del millonario de turno, combinadas, eso sí, con el teatro del otro millonario "yo es que pasaba por aquí y no se de qué va esto".

Efectivamente, si hubieran cámaras y unos árbitros auxiliares observándolas se minimizaría el nivel de error. Cierto es que eso quitaría "pasión" al "deporte", con lo que pudiera darse que se acabara convirtiendo en una especie de nadería. Eso sí, siempre nos quedarían las divisiones inferiores y los infantiles para poder cagarnos en la familia de árbitros, jugadores y público contrario.

La renuncia

Siendo eso verdad, me llama la atención el caso del francés que usó la mano. No es que mano y francés sean excluyentes, ni mucho menos.

Pero de un señor bajito y de tanta altura como Monsieur Sarkozy yo hubiera esperado algo más. No demasiado porque he de confesar que me pasa como al padre de Austin Powers, que no soporto a la gente que no soporta a otros por su origen ni a los gabachos. Bromas aparte, es cierto que lo que diré corresponde más al espíritu quijotesco hispano que al norteño, si nos atenemos a su máximo exponente en España: un tal Pepe Botella.

Y lo que pienso es que, siendo la selección de un país representación del mismo, el presidente de Francia debería de haberse negado a aceptar que su país pueda llegar a ser campeón del campeonato a partir de un fraude. De hecho, lo mejor que le puede pasar a Francia es no ganar, porque si gana será la victoria de la mano del francés. Ya se que la famosa mano del drogata no ha avergonzado a su país y que, incluso, hay una iglesia que le adora.... pero sigo creyendo que el ser humano puede dar mas de si.

Podría el presidente haber pedido a los organizadores la repetición del partido. Por ejemplo. Se negaron, ya lo se. Bien. Pero no lo pidió. Entonces podría haber propuesto a los irlandeses un partido de desempate con un premio: ya que Francia va al campeonato con una trampa, los jugadores serán los que ganen esa confrontación. No me negará nadie que sería entrañable ver a los irlandeses jugar con el uniforme francés, llegado el caso; pero no veremos nada así.

Hay mas ideas que he oído. Todas van en la línea de pensar en qué clase de mensaje se envía a los jóvenes (y jóvenas). ¿Vale robar si no te pillan? ¿Vale autoamnistiarse? ¿Vale dictar leyes que hagan legal lo inmoral e ilegítimo?

No es que espere que un político europeo vaya a dar lecciones fácticas de decencia. Pero a veces uno espera que hagan "como si". Pero ni eso.

Lo cual no deja de ser penoso corolario del hecho de que todo un señor calle como ... eso ... cuando sabe que ha cometido una infracción y un fraude. Creo que hubo un tiempo en que el fairplay obligaba a ir al árbitro y decirle "cusha, que lé dao con la mano, trón, que eso ni é gó ni é ná" (o como se diga en la lengua franca). O, en su defecto, obligaban a devolver la bola al contrario o a no aprovechar un penalti ilegal, injusto, inmoral e ilegítimo.

Lo curioso

Eso me lleva a un punto curioso. Veamos: si usted roba una manzana y el guardia no lo ve, pero queda grabado en la cámara de seguridad, se le cae el pelo. Pero si usted se roba unos millones metiendo un gol con la mano (porque, no olvidemos, estar en la competición son muchos millones para jugadores, técnicos, directivos y sanguijuelas), aunque le pillen con la cámara se va de rositas.

Millones los que se agencian. Pero ¿y el dinero de la gente que ha apostado esperando juego limpio? Que a mi no me guste apostar no quiere decir que quien apuesta (con su dinero, ojito, con su dinero legítimamente adquirido) no tenga sus derechos. ¿Y el dinero de los hoteleros, restauradores, taxistas, etc que ya no van a tener el mayor espectáculo del mundo en sus ciudades?

Unas ideas

Yo creo que el fútbol pude regenerarse si se toman algunas medidas. Yo propongo éstas pocas:
  1. Creo que debería de prohibirse la horterada de esas botas que calzan. No hace falta que vayan de negro, pero la uniformidad debería de incluir las botas y, de ser posible, evitar esos colores dignos de de figurar en el vestuario de cualquier drag queen.
  2. Creo que debería de habilitarse a los futbolistas de bolsitas en las que depositar sus moquitos en vez de ir soltando lapos por el campo, que es cosa que les hace humanos, ciertamente, pero humanos guarros. Y no esta bien que un millonario vaya por ahí escupiendo como un obrero. En su defecto, se les podría someter a una intervención quirúrgica antes de pasar a los primeros equipos (que los chavales no acostumbran a ser millonarios).
  3. Que deberían de usarse medios tecnológicos me parece indudable, pese a que muchas profesiones se resisten a los avances y pretenden seguir viviendo igual que hace siglos. La tecnología debería de servir, al menos, para
    1. Identificar comportamientos antideportivos y sancionarlos. Los haya visto el árbitro o no. En estos comportamientos entra tanto el que se tira a la piscina sin que le rocen como el que intenta asesinar. Y eso debería de poder hacerse tanto durante el juego como después.
    2. Permitir la aplicación de esas normas que se escapan a la capacidad humana.
  4. Que sería bueno que los jugadores y técnicos mantuvieran una mínima compostura y que, si está prohibido dirigirse al árbitro, no se tolerase el espectáculo de esos millonarios actuando como turbas en proceso de aplicación de la ley de Lynch.
Al final del camino, hay que reconocer que el fútbol es un espectáculo, que no un deporte. Y que los espectáculos deben de tener unas normas y que éstas deben de respetarse. O eso o hagamos como en la tele: para evitar violaciones, mostrémoslas en las cámaras y que siga el espectáculo.
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