martes, 8 de diciembre de 2009

Y la piedra cayó hacia las nubes

No deseaba saber a qué huelen, sólo que aquel señor la soltó y ella solita cayó hacia las nubes. No es habitual que esto suceda; pero pasa. Si bien es cierto que no se ha documentado nunca, lo cierto es que pasa. Y si a Einstein no le gusta, pues ya le hará un artículo El Vira Del Mundo. Y, en el peor de los casos, le hacemos como a franco, que si no le gustaba la bandera tricolor, le poníamos una roja con el martillo y la hoz, que fue que no, que ni la una ni la otra.

La mayoría de las personas (que equivale al común de los mortales) consideraría la simple pretensión de que una piedra puede caer hacia las nubes como una imbecilidad propia de un imbécil. Algo de verdad hay en esa visión compartida, aparentemente, por tantos.

Yo creo que quien pretenda que una piedra dejada a su libre albedrío a la altura de la ceja del sujetador va a caer hacia las nubes es tonto de baba, imbécil o, en su defecto, un burro integral. Igual me paso con esta aseveración. Estoy dispuesto a corregirla en cuanto se me demuestre la caída de la piedra hacia la nube; pero entretanto espero que se me acepte que, a la luz de los hechos conocidos, el interfecto parece aquejado de pejudicaditis neuronal.

Sin en cambio, por otra parte y sin desembolso adicional alguno, nos enfrentamos a visiones en las que las piedras no sólo caen hacia las nubes, sino que además cuando sale el sol, oscurece.

Vengo a referirme a eso que tomamos por ejercicios de buenismo (por una extraña enfermedad que nos impide calificarlos de simples estupideces, incluso con todo el dolor del corazón). Repasemos algunos ejemplos de esa ciencia ("infusa").

Podemos comenzar con los llamados al muy ilustre presidente de la comunidad autónoma celta que consisten en avisarle de que es presidente de la comunidad, de que tiene mayoría absoluta y de que debe de cumplir su promesa electoral antes de que sea tarde.

No se qué es más patético. Si el concepto de los llamantes de que el susodicho presidente es un pobre bobito que no se ha dado cuenta de que le han puesto la corona de rey de su taifa o su profunda convicción de que el susodicho tiene un corazoncito (y/o dignidad o decencia) a la que se puede apelar.

Para cualquier niuton que observe desapasionadamente (la caída de la manzana hacia las nubes) se aparece como algo clamorosamente evidente el hecho incontrovertible de que el mencionado presidente pudo prometer y prometió y una vez metido (el voto) olvidó lo prometido. Podría discutirse si tuvo voluntad en algún momento de cumplir lo prometido, ciertamente; pero no es discutible que lo ha incumplido, que no ha sido por olvido y que, además, para dejar claro que sabe de que se habla, lo ha justificado basándose en unas presuntas dificultades leguleyas que (oh, sorpresa!) no le fueron reveladas durante el prometimiento .

Nota: Resulta curiosa esa enfermedad del ser humano político que le impide ver la realidad en prometiendo y le hace percibirla con claridad en siendo elegido. Si fuera malpensado, pensaría... pero no.

No se yo si la caída de las piedras hacia las nubes se producirá (que lo veamos, se entiende) antes o después de que la aguja pase por el ojo del camello o viceversa. Lo que si se es que la actitud de los llamantes se parece mucho a la de aquel hombre desesperado que le decía a su esposa... "María, por lo menos podrías dejar de follar con el vecino mientras te hablo". Porque, considerémoslo fríamente, si María no tiene empacho en seguir follando con el vecino mientras su marido, de corpore insepulto, intenta hablar con ella, no parece que tenga mucho interés ni por él ni por lo que dice. Digo yo, vamos.

Dejémos por ahora a María y al vecino folgar ante la atónita y preocupada mirada de su cónyuge, recomendemos al marido aquel bonito refrán "Mujer que no has de ..., déjala correr...se con quien quiera" y pasemos a otro momento estelar de la humanidad en el que las piedras no sólo caen hacia las nubes, sino que profieren alaridos en tal trance.

Si, efectivamente, me refiero al espectáculo dantesco de otro día:  "Pizarro optó por la discreción y sus declaraciones no fueron más allá de comentar que lo mejor es "callar" para "no estorbar". Espectáculo que acaecía en una especie de excursión de hermandad por el Tears Valley en la que Santiago Abascal denunció la falta de democracia interna en el PP.

Yo no sé conducir, decía uno, ¿pero no es la misma llave que abre la puerta la que da el contacto?

Yo tampoco soy licenciado en derecho, ¿pero no es la democracia de los partidos una obligación establecida en la constitución? Incluso yo diría mas ¿no está prohibida la afiliación obligatoria a partidos y sindicatos en esa misma constitución?

¿Negar la democracia interna en el PP no es acusar a los directivos de ese partido de un delito? Ya digo que yo de leyes se poco; pero digo yo que si la constitución dice una cosa y se hace la contraria, muy legal no debe de ser. Aún me atrevería a ir un poco más lejos y preguntarme si esta actitud de denunciar un delito como si fuera una travesura no es complicidad. Porque si es un delito (y yo apuesto la media bolsa de pipas que me queda) se debería de denunciar en los tribunales, llegando a Estrasburgo y más allá si es necesario.

Del mismo y semejante modo (hablando al modo y manera de los políticos) ¿coger nuestro dinero vía impuestos para dárselos a los sindicatos y partidos no es un modo de afiliación obligatoria? De serlo (que me apuesto el medio quinto que me queda) ¿no sería anticonstitucional la ley que lo permite y no serían delincuentes todos quienes la han aprobado y aplicado?

Puedo entender que personas con vínculos emocionales con la organización política (la cosa sua) tengan problemas de conciencia. Incluso puedo entender que consideren que su inmolación hará abrir los ojos a los mandamases que, al modo de Pablo, caerán de un caballo (o, en su defecto, de un licóptero) gritando "he visto la luz".

La realidad nos dice que quienes intentan eso que llaman "trabajar desde dentro" acaban abducidos o expulsados del paraíso. Lo cual, claramente, no significa que siempre deba de ser así. Ya hemos visto que las piedras caen hacia las nubes. A veces, incluso gritan. ¿no?

Me ha parecido que en este día de la Inmaculada Concepción, esa barbaridad increíble (¿quién puede creerse que una mujer se quede embarazada sin conocer varón?, hermosa pregunta en la era de la pastilla postcoital y de los bebés probeta), sería bonito dedicar una entrada a todos aquellos que creen que las piedras caen hacia las nubes.

¿Alguien recuerda a aquel señor, concejal, que denunció las corruptelas en las contratas de basuras y se le premió echándole? Cuando nos preguntamos ¿cuándo se jodió? podríamos mirar a todos esos casitos, minúsculos, insignificantes, en los que todos y cada uno de los partidos decidieron que había algo mas importante que la honestidad y la decencia. Y en los que todos y cada uno de los decentes decidieron que era mejor callar y no estorbar. Y dejaron de serlo.
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