jueves, 10 de diciembre de 2009

¿Qué quieres que sea de mayor?

Esto me preguntaba el mayor de mis peques un día hace un año, volviendo de un partido de baloncesto (ahora llamado basket) en el coche del padre de uno de sus compañeros.

"Lo que seas has de decidirlo tu" le contesté, con una cierta dosis de honradez.

¿Pero tu qué es lo que quieres que sea? insistió, con esa insistencia que da la infancia y que perdemos (con la capacidad de preguntar "¿por qué?") con la edad o con la vejez (sea cual sea la rendición que usemos para justificarnos).

Cuando te ponen en esa tesitura, tienes dos opciones: mentir como un bellaco o decir la verdad. Yo opté por decir la verdad.

Feliz.

Eso le dije. La respuesta impactó al conductor; pero no calló a Raúl. ¿Pero tu quieres que sea informático como tu? Joder! Yo no "soy" informático; "trabajo de" o "en" y, además, me gusta lo que hago (especialmente cuando puedo colaborar en la organización de la empresa). No es muy "políticamente correcto" disfrutar del trabajo; pero el mío me gusta, como el rock'n'roll.

Cuentan que los generales romanos, en sus cortejos de triunfo, llevaban a un esclavo (curioso) que les sostenía la corona de laurel a la vez que les recordaba su carácter mortal, perecedero.

Como padre, no puedo por menos que sentirme orgulloso de Desecration, la banda de mi hijo mayor. Faltaría más. Como padre, no puedo por menos que preocuparme porque, al final, lo que cuenta es dar lo mejor de uno mismo, disfrutarlo, exprimir esos dones que nos han sido otorgados (disfrutándolos)  y, con ello, hacer que el mundo sea un lugar mejor y disfrutarlo.

No es, pues, en la herencia de la profesión donde radica la inmortalidad, sino en la herencia cultural, entendida como cosmovisión, en la que lo único importante son las personas, cima (por ahora) de la evolución), y su felicidad.

¿Qué quieres que sea de mayor? Feliz. joder, feliz. Se tu mismo, se lo mejor que puedas y sepas y se jodidamente, insultantemente, orgullosamente  feliz.
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