lunes, 23 de noviembre de 2009

El profesor, la alumna y la información

La noticia de que un profesor ha sido denunciado (y juzgado) por "castigar a una alumna cara a la pared por no hacer las tareas" (según titula LD) me llamó la atención.

El titular parece apuntar a una desproporción; pero si uno lee el contenido se entera de que el padre denunció al profesor "después de que ésta (la alumna) le contara que su profesor "la había castigado mirando a la pared" por no traer los deberes, momento en el que "se angustió y vomitó". El letrado apuntó, además, que en la versión del padre, tras la arcada, el profesor obligó a la menor a recoger el vómito y a continuar con el castigo.". De ser así, quizás el titular debiera ser "Profesor juzgado por obligar a una alumna a recoger sus vómitos tras un castigo". ¿no?Quizás no. Al final, los titulares son un arma cargada de ¿futuro?

El profesor, leemos, niega la parte del vómito; confirmando el resto del relato. He buscado la noticia en otros medios y sólo he encontrado tres referencias en Europa Press repicadas en algunos otros medios sin mucho más análisis y/o investigación. La primera es la que he apuntado antes. La segunga hace referencia a la reacción sindical y la tercera a la reacción ministerial.

Antes de comentar algo sobre esas reacciones, quiero comentar las primeras cosas que me han llamado la atención en este asunto:
  1. La primera, obviamente, es la falta de concreción. Aunque parezca raro, conocer los hechos reales suele ser un buen principio para opinar sobre algo. ¿Miente la alumna? ?Miente el profesor?
  2. La segunda es que, al aparecer, el juicio se ha sustanciado sólo con la declaración del profesor denunciado. Este hecho me ha llamado poderosamente la atención (no digo que yo pueda confirmarlo; pero es lo que parece desprenderse de la noticia) porque parecería normal que, a fin de acreditar los hechos hubiera declarado la alumna, los compañeros de clase que presenciaron los hechos y los profesores que intervinieron en los momentos inmediatamente posteriores, si los hubo.
    1. Para alguno puede parecer exagerado lo que acabo de mencionar; pero yo creo que no lo es. Estamos hablando de personas que tienen a su cargo a menores de edad (nuestros hijos).
    2. No hay que olvidar que, en casos de violación, es habitual que el violador pueda declarar encapuchado (para no ser estigmatizado) mientras que la menor violada debe declarar en presencia del monstruo que la violó. Estas dos afirmaciones no las apoyo ahora en enlaces porque las recuerdo; pero no es muy difícil ir a buscar los hechos que las sustentan.
El tercer hecho que me llama la atención es lo suficientemente enjundioso como para romper la lista e iniciar una nueva. Se trata del texto del castigo; ""debo hacer lo que me manden"".
  1. Así, a bote pronto, se me ocurre pensar ¿sabrá el profesor que unos militares argentinos han sido jusgados y condenados por "hacer lo que les mandaron"?
    1. Antes de entrar en mayores profundidades, me preguntaré lo que se preguntaban mis hijos cuando les comentaba la noticia. ¿También debe de hacer lo que le manden si el profesor le manda tener relaciones sexuales?
    2. Ampliemos el deber de obediencia ¿Si el profesor le ordena matar a un compañero de clase debe de hacer lo que le manden?
  2.  Parece que, efectivamente, la alumna no debe de hacer lo que le manden, sino que debe de hacer lo que es justo. ¿Si?
    1. Imagimenos que el profesor le hace escribir "Debo (la primera va en mayúsculas) de cumplir con mis obligaciones como estudiante y hacer mis deberes". Parecería más ajustado ¿no?
    2. También podría haberle hecho escribir "Corresponderé al esfuerzo de mis padres y de toda la sociedad que paga mi educación esforzándome por aprovecharla". Tampoco hubiera estado mal.
    3. Quizás algún lector poseído de la (lógica) pasión que genera la degradación de la educación es nuestro país, piense que me paso. El problema es que el furor antizapaterino no es eximente. Pero pasemos a otros ejemplos que pueden ser ilustrativos (y que me aportaban mis hijos) como, por ejemplo (valga la rebuznancia). Imaginemos que una persona alumna le dice a otra persona alumna que el peinado nuevo de su madre le queda como el culo y que esta segunda persona decide discutir la nueva estética de su madre reventándole medio costillar.
      1. Nuestro profesor podría hacerle escribir cien veces "Soy un ioputal". Personalmente considero que lo es; pero ¿es útil? ¿es lo más adecuado? Creo que no y no me extenderé en justificar mi afirmación.
      2. Podría hacerle escribir cien veces "No usaré la violencia". Pero creo que el ilustre profesor preferiría que el alumno la usara en el supuesto caso de que entraran el clase cuatro cabroncetes y se dedicaran a reventarle las vísceras a patadas. Al profesor, se entiende. Y que el alumno la usara (la malvada violencia esa que prometía no usar una cantanta en una canción infecta) para defenderle. A él, al profesor, se entiende, claro.
      3. Podría optar por hacerle escribir "Contra opiniones, opiniones; la violencia sólo en legítima defensa o para defender a un inocente agredido". Es más largo; pero apuesto a que concitaría más apoyos que lo de "soy un ioputal".
Así pues, nos encontramos ante una carencia de información que hace que la noticia se manifieste y/o oculte sólo en función de intereses (espurios que diría alguien) que nada tienen que ver con los hechos.

Había pensado es escribir mas reflexiones (sobre las memeces proferidas por sindicatos y gobierno); pero casi que paso.

Había también pensado en escribir unas sesudas reflexiones sobre las causas y motivos del despelote educativo; pero tampoco. Me limitaré a recordar que, en los viejos buenos tiempos, conocí a profesores a los que recuerdo con cariño, a otros a los que recuerdo con respeto, a algunos a los que recuerdo con cariño y respeto y a algunos, también, a los que recuerdo en su plenitud psicopática.

Recuerdo con especial cariño a un profesor de dibujo que padecí en el Jose Antonio Girón de Velasco. Era un jovenzuelo con un peinado que hubiera hecho las delicias del cantante ese (Junior creo que se llama) que ahora sólo sale en la tele para que se rían de él. No me duelen prendas en reconocer que mi capacitación genética para el dibujo alcanza las mismas cotas que la capacitación genética de Mariano Rajoy para gobernar o, en su defecto, para hacer chistes. Que soy un patata, vaya. Pero, por muy inútil que yo fuera a mis once años para dibujar ¿es correcto que, al llevar mi trabajo al profesor, éste (el profesor) lo rompiera y me castigara a ir el sábado a repetirlo? Tengo para mi que no.

Debo decir, por clarificar posibles dudas, que no recuerdo que el psicópata intentara utilizar los sábados para beneficiarse al tierno infante que era yo. Lo cual no lo hace menos ioputal.

Y es que, al final, no todo es cuestión de estrategia educativa. Hay cosas que van, sencillamente, de gentes decentes y/o de ioputals. Aunque, quizás, el problema sólo sea que el profesor es analfabeto.

Eso es lo que pienso.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Reflexiones sobre el poder de los ciudadanos

Estas últimas semanas, al hilo del espectáculo que nos ha ofrecido el PP (fueeeeera de programa), espectáculo que podría pasar por gratuito si no fuera por el dineral que se pillan (cosas de las leyes que ellos aprueban para forrarse bien el riñón y no pasar frío), me ha dado por pensar en esa esclavitud que nos esclaviza de dentro hacia afuera.

Normalmente uno es esclavo mediante la sumisión forzada. Por la fuerza, vaya. Lo que hemos visto en tantas películas y en tan pocos telediarios, tan cuidadosos ellos por ahorrarnos la esclavitud forzada que subsiste hoy.

Pero hay otra esclavitud. Que es la asumida y buscada. Es la esclavitud de los que están encantados de que otros decidan por ellos. Este es un tema muy interesante; pero desborda lo que quiero escribir hoy.

Leí un artículo de Ussía titulado Avergonzado en el que se rebela contra la realidad (los hechos) del partido al que vota. Me gustó el artículo en términos generales; pero me gustó más aún esa conclusión... ese decir "que no", "que por ahí no paso".

En paralelo, Pablo Molina escribía otro artículo en el que expresa su opinión de que la posición de Ussía no va a ser ni de lejos general. Es decir, que mucha gente, para sacar a Z del gobierno votará PP sea lo que sea lo que haga el señor Rajoy.

En las mismas jornadas, he escuchado decir "Rajoy no se atreverá a sacar a Esperanza Aguirre de las listas". No voy a entrar en la memez (losantiana, en este caso) de que Aguirre tiene el aval de los ciudadanos porque contra esas falsedades uno se cansa de escribir. Nadie ha votado a Aguirre, igual que nadie ha votado a Ruiz Gallardón por el simple y sencillo motivo de que sólo se puede votar por una bandera. Si hubieran primarias, listas abiertas, elección directa del ejecutivo... entonces veríamos. Pero no las hay. Así que todos y ninguno pueden reclamar la propiedad de esos votos. Todos y ninguno. Iguales e igualados en lo que son.

Y ahí es donde está la gracia.

Rajoy puede decapitar a Aguirre y la masa principal de votantes del PP seguirán votándole contra Z. Igual que ocurrió despuñes de defenestrar de forma indecente a María San Gil, quien, por cierto, hizo un mutis entrañable para no perjudicar a su bandería. Porque los ciudadanos no me parece que le importaran mucho, especialmente si recordamos el día que renunció a su escaño.

Desde las filas peperas se habla mucho de los once millones de bobos que han aupado por segunda vez al peor presidente de la historia de España; pero se habla poco de los once millones que han dado soporte al peor equipo de la derecha en muchos años. Un equipo que ha demostrado su concepto de la división de poderes (estos son mis jueces, dijo Mariano), del derecho de defensa (que se lo cuenten a Costa), del respeto por el dinero de todos (pagar la campaña de Mariano con el dinero del PP que pagamos todos) y de la justicia efectiva (el asunto de Antena 3 se soluciona incumpliendo una sentencia firme).

¿Cuántos votos perderá el PP por toda la sarta de crímenes (permítaseme la expresión) perpetrados? Muy pocos.

¿Cuántos votos perderá el PSOE por toda la sarta de crímenes (permítaseme la expresión) perpetrados? Muy pocos.

Miguel Buesa se escandaliza de lo que hace Rosa Díez en UPyD después de haber validado todas las primeras depuraciones con su silencio al menos. Y sabiendo. Exactamente igual que los dos mosqueteros de Ciudadanos, Robles y Domingo, cómplices de Ribera y autores directos de algunas violaciones de derechos que deberían haberlos expulsado de la política, sino llevarlos directamente a la cárcel.

¿Cuántos votos perderá el UPyD por toda la sarta de crímenes (permítaseme la expresión) perpetrados? Muy pocos.

Una gran masa de españoles se prepara para validar, de nuevo, a una casta política que sólo puede calificarse de mafiosa. Unos para evitar a la derecha, otros para evitar a la izquierda. En medio, la dignidad de un pueblo y el futuro de sus hijos. Olvidados y aplastados.

Y todo adornado por una campaña guerracivilista desde todas las banderías (derecha, izquierda, nacionalistas ...) a fin de que nadie piense, cosa peligrosa donde las haya, y todos nos guiemos por nuestras aversiones.

¿Es mejor el votante del PP que el votante del PSOE? ¿Viceversa? ¿O son ambos esclavos voluntarios de la bandería que han adoptado?

Concluímos con el último chiste de Astarloa. ¿Acaso su partido ha presentado alguna propuesta clara? Yo me acuerdo de una entrañable pérdida de tiempo de Vidal Quadras (el censor de Estrasburgo), Abascal et altri... que nadie avaló. ¿Ha presentado alguna propuesta alguien del PSOE, aparte de los chistes de Leguina?

Seguiremos esperando una alternativa. Alguien que incluya en su programa la cadena perpetua para los políticos corruptos, por ejemplo. Alguien que incluya en su programa la elección directa de todos los ejecutivos (presidente del gobierno, de comunidad, alcaldes...). Alguien que incluya en su programa el derecho de los ciudadanos a promover referendums vinculantes (por ejemplo sobre los multisueldos y multipensiones de los políticos). Alguien capaz de hacer pensar a las gentes decentes, de derecha y de izquierda, en algo que no sea su bandería. Alguien decente, en suma. Alguien que evite que este estado de cosas acabe en estallidos que se lleven demasiadas cosas por delante.